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Moras
La popular mora silvestre, es en realidad la zarzamora,
también denominada frambuesa negra. Se trata de un fruto que
crece en arbustos de la familia de las Rosáceas, la cual
incluye más de 2.000 especies de plantas herbáceas,
arbustos y árboles distribuidos por las regiones templadas
de todo el mundo. Las principales frutas europeas, además
del rosal, pertenecen a esta gran familia. Así mismo, se
engloban dentro del género Rubus, que no se ha de confundir
en ningún momento con las frutas del género Morus;
Morus nigra y Morus alba L., que crecen en
árboles.
Propiedades Nutritivas
Estas frutas son de bajo valor calórico por su escaso
aporte de hidratos de carbono. Son especialmente ricas en vitamina
C las grosellas negras y las rojas, que tienen cantidades mayores
que algunos cítricos. En general, las bayas silvestres son
buena fuente de fibra; que mejora el tránsito intestinal, y
de potasio, hierro y calcio (estos dos últimos de peor
aprovechamiento que los procedentes de alimentos de origen animal),
taninos de acción astringente y de diversos ácidos
orgánicos. Sin embargo, lo que en realidad caracteriza a
estas frutas es su abundancia de pigmentos naturales (antocianos y
carotenoides) de acción antioxidante. En la
alimentación humana, este tipo de frutas constituyen una de
las fuentes más importantes de antocianos, que les confieren
su color característico y que están junto con
ácidos orgánicos tales como el ácido
oxálico o el ácido málico, responsables
también de su sabor. La vitamina C tiene acción
antioxidante, al igual que los antocianos y carotenoides. Dicha
vitamina interviene en la formación de colágeno,
huesos y dientes, glóbulos rojos y favorece la
absorción del hierro de los alimentos y la resistencia a las
infecciones. El potasio es necesario para la transmisión y
generación del impulso nervioso, para la actividad muscular
normal e interviene en el equilibrio de agua dentro y fuera de la
célula.
La Fruta y Su Salud
Los antocianos y carotenoides son abundantes en la
composición de todas estas frutas del bosque. Desde el punto
de vista bioquímico se caracterizan por poseer una elevada
actividad antioxidante; neutralizan la acción de los
radicales libres que son nocivos para el organismo. Estas
propiedades pueden dar lugar a efectos fisiológicos muy
diversos; efectos antiinflamatorios y acción antibacteriana
de los antocianos, entre otros. Estas frutas contienen,
además de los antocianos y carotenoides, otros antioxidantes
como la vitamina C. La ingesta dietética de estas sustancias
potencia nuestro sistema inmunológico o de defensas del
organismo y contribuye a reducir el riesgo de enfermedades
degenerativas, cardiovasculares e incluso del cáncer.
Asimismo, la vitamina C tiene la capacidad de favorecer la
absorción del hierro de los alimentos, por lo que mejora o
previene la anemia ferropénica. Existen ciertas situaciones
vitales en las que las necesidades orgánicas de vitamina C
están aumentadas, como embarazo, lactancia, tabaquismo,
empleo de ciertos medicamentos, estrés y defensas
disminuidas, práctica deportiva intensa, cáncer, Sida
y enfermedades inflamatorias crónicas. En dichas
situaciones, el consumo de bayas silvestres ricas en vitamina C
está especialmente indicado.
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