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Albaricoque
El albaricoque, también conocido como damasco o
albérchigo, es el fruto del albaricoquero, árbol de
la familia de las Rosáceas. Esta familia incluye más
de 2.000 especies de plantas herbáceas, arbustos y
árboles distribuidos por regiones templadas de todo el
mundo. Las principales frutas europeas, además del rosal,
pertenecen a esta gran familia. El fruto tiene la carne jugosa,
firme y con un delicioso sabor dulce.
Propiedades Nutritivas
Comparado con otras frutas, su aporte energético es
bastante bajo, dada su elevada cantidad de agua y modesto aporte de
hidratos de carbono. Destaca por la abundancia de fibra, que mejora
el tránsito intestinal, y su contenido en provitamina A
(beta-caroteno), de acción antioxidante. Su contenido
mineral no es menos importante, ya que es rico en elementos como el
potasio y, en menor proporción, en magnesio y en calcio,
este último de peor aprovechamiento que el que procede de
los lácteos u otros alimentos que son buena fuente de dicho
mineral. El beta-caroteno se transforma en vitamina A en nuestro
organismo conforme éste lo necesita. Dicha vitamina es
esencial para la visión, el buen estado de la piel, el
cabello, las mucosas, los huesos y para el buen funcionamiento del
sistema inmunológico, además de tener propiedades
antioxidantes. El potasio es un mineral necesario para la
transmisión y generación del impulso nervioso y para
la actividad muscular normal, además, interviene en el
equilibrio de agua dentro y fuera de la célula. El magnesio
se relaciona con el funcionamiento de intestino, nervios y
músculos, forma parte de huesos y dientes, mejora la
inmunidad y posee un suave efecto laxante.
La Fruta y Su Salud
El atractivo color anaranjado de los albaricoques, junto con el
agradable aroma que desprenden y su sabroso dulzor, convierten a
estas frutas en una de las predilectas de la estación
veraniega. Por sus componentes nutritivos, se ha de fomentar su
consumo en todas las edades: niños, jóvenes, adultos,
deportistas, mujeres embarazadas o madres lactantes y personas
mayores. Los albaricoques frescos maduros son ricos en taninos,
sustancias con propiedades astringentes, antiinflamatorias y
antioxidantes. Algunas de las acciones de los taninos son secar y
desinflamar la mucosa intestinal; la capa que tapiza el interior
del conducto digestivo, por lo que su consumo es adecuado en caso
de estómago delicado y digestiones pesadas. El contenido en
potasio del albaricoque le convierte en una fruta diurética,
recomendada en el tratamiento dietético de diversas
enfermedades cardiovasculares, como la hipertensión arterial
u otras asociadas a retención de líquidos.
También conviene su consumo cuando se emplean
diuréticos que eliminan dicho mineral, y en caso de bulimia
debido a los episodios de vómitos autoinducidos que originan
grandes pérdidas. No obstante, el aporte de este mineral
está restringido en caso de insuficiencia renal aguda o
crónica avanzada, por lo que el consumo de albaricoques en
estos casos se hará de manera comedida. En relación
con la sangre, aporta minerales directamente implicados con la
formación y maduración de los glóbulos rojos:
hierro, cobre y cobalto. No obstante, el hierro que aporta el
albaricoque fresco o desecado se encuentra en la forma
química no hemo, por lo que el organismo lo absorbe en
pequeña cantidad. Para aumentar la absorción de este
mineral, es conveniente tomar la fruta como postre de una comida
variada, que haya incluido otros nutrientes que aumenten su
absorción, como las proteínas abundantes en carnes,
pescados y huevos o la vitamina C de ciertas hortalizas (pimiento,
tomate) y frutas (cítricos, kiwi, frutas tropicales...).
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